

Las imágenes en movimiento se revelaron rápidamente como una alternativa sumamente viable para numerosos artistas, quienes quizás vieron en ellas una forma de llevar a cabo una ampliación considerable de sus recursos plásticos, su lenguaje visual y por consiguiente de su obra; ello resultó sin duda de gran importancia en la primera mitad del siglo XX, cuando hubo un desarrollo de múltiples y variadas tendencias que buscaban, desde sus respectivas trincheras, llevar el arte por nuevos derroteros: se planteaban formas distintas de abordarlo, pero a mi parecer, existía aún una gran dependencia de los medios y las disciplinas tradicionales, mismos que ya habían sido explorados hasta la saciedad y por lo tanto resultaban cada vez más difíciles de ampliar. Claro está que actividades como la pintura y la escultura no dejan de plantear nuevos problemas y caminos a explorar, pero quizás deberíamos intentar situarnos, así sea de forma imaginaria, en una época donde verdaderamente comenzaba a darse un rompimiento con los modelos establecidos a lo largo de siglos y algunos grupos, como los dadaístas, cuestionaron inclusive el sentido de la actividad artística. Gente como Marcel Duchamp y Man Ray se valieron del cine experimental para realizar obras que, en su tiempo, debieron de haber resultado muy inusuales y hasta incomprensibles para muchas personas, inclusive hasta para algunos artistas; ello, sin embargo, respondía en cierta medida a la propuesta del grupo dadá en el sentido de hacer a un lado todo elemento lógico, narrativo y metafórico, la idea del buen o el mal gusto, para buscar, por el contrario, la completa libertad creativa, no solo para ejecutar, sino para justificar y legitimar lo que se ejecuta. Quizás sea una interpretación equivocada, pero el título del filme "El regreso a la razón" me hace pensar que tal vez uno de los aspectos más importantes en la labor del artista consista en -valga la expresión- no ser demasiado racional.
Un manejo distinto del cine experimental puede verse en el trabajo de Oskar Fischinger, quien lo empleó, a mi parecer, como una extensión de la labor pictórica, donde aún resultan decisivos los elementos compositivos, rítmicos, formales, y evidentemente el sentido cromático. Creo que ello fue una solución interesante y propositiva, que, como mencionó Hans Richter, considera tanto las posibilidades como las limitantes de la pintura y de las imágenes en movimiento, logrando con ello una asociación provechosa de las mismas. Otro autor que llamó mi atención fue Viking Egelling, sobre todo en su Sinfonía Diagonal, donde logra una gran variedad de composiciones o, mejor dicho, una sola gran composición en transformación constante, donde se demuestra una de las ventajas de las imágenes en movimiento frente a una imagen estática. Aunque la no narración es una constante en los trabajos de dichos artistas y de otros como Lászlo Moholy Nagy, Len Lye, Walter Ruttman, Fernand Léger y Maya Deren, considero que cada uno de ellos finalmente sí establece un discurso particular, ya que al inclinarse por una u otra faceta del cine experimental, están mostrando una tendencia, están cuestionando otras, y principalmente están en busca de otras alternativas, como se mencionó al principio. En el caso de creadores como Marcel Duchamp y Salvador Dalí, me resulta interesante e instructivo observar cómo artistas tan fecundos en recursos, habilidades e ideas, supieron servirse eficaz y propositivamente de prácticamente cualquier medio o herramienta que cae en sus manos, adaptándolos a sus propias ideas, y, sobre todo, supieron mantenerse siempre receptivos a todo aquello que, como el cine experimental, les ayudara a ir cada vez más lejos en el desarrollo de su obra y fuese un aliciente, no una limitante, para alcanzar sus propósitos.



